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Intervención en el pleno sobre el Informe Coveney sobre el Informe Anual sobre los Derechos Humanos en el Mundo 2006 y la política de la UE en esta materia. (2007/2020)y sobre la Resolución sobre la pena de muerte (25.04.2007)

En primer lugar, quisiera felicitar al Sr. Simon Coveney por su informe: la calidad del mismo se demuestra claramente por el amplísimo respaldo que obtuvo en el voto de la comisión de exteriores el pasado 27 de marzo.

El Sr. Coveney ha tenido la habilidad de conciliar los puntos de vista de los distintos grupos y, a nuestro entender, el buen acierto de dar continuidad a la nueva lógica y estructura de estos informes iniciada por Richard Howitt en el informe del año pasado, correspondiente a 2005.

El resultado de la votación de las 262 enmiendas presentadas para el texto de este año refleja un consenso razonable entre la posición de los grupos y una ausencia relativa de puntos conflictivos, lo cual contribuye a dar al mundo una imagen de unidad del Parlamento en materia de protección y promoción de los DDHH, algo que todos deseamos.

Desde esta imagen de unidad, debemos esforzarnos por transmitir dos mensajes importantes. En primer lugar, Europa no puede permitirse medir los derechos humanos en el mundo según un rasero distinto para cada país. Sean cuales sean los intereses en juego, la doctrina de la Unión en materia de derechos humanos debe ser inequívoca, sin titubeos. En segundo lugar, en la supervisión de los derechos humanos en el mundo debemos evitar caer en paternalismos. El efecto seria contraproducente, de modo que no se ayudaría a una mejora general.

El texto que nos ocupa satisface, pues, los objetivos generales de la posición del Grupo socialista. En nuestras enmiendas hemos puesto un énfasis especial en la prevención de la discriminación sexual y la promoción del "mainstreaming" de materias de género en todas las acciones de la UE.

Sin embargo, también debo decir que para nosotros hay una cuestión fundamental que no queda suficientemente reflejada y resuelta en el informe: en el mundo de hoy, en el combate contra el terrorismo, asistimos por desgracia a la proliferación de centros de detención no sometidos al imperio de la ley, cuyas prácticas no están sometidas a la legislación del propio Estado que las establece. Hablo de Guántanamo y hablo de las cárceles secretas.

Para los socialistas constituye un objetivo irrenunciable el poner fin en el mundo a estas situaciones de alegalidad. Es fundamental que todos los presos cuenten con las correspondientes garantías judiciales y penitenciarias.

Al mismo tiempo la transparencia sobre la situación de los presos en el mundo es fundamental para la prevención de prácticas inexcusables, como es la tortura. Aquí, en el Parlamento Europeo, cómo en cualquier otro foro, no cejaremos en el empeño de acabar con esta situación.

En la misma línea de nuestras prioridades entendemos la propuesta de resolución sobre la moratoria universal de la pena de muerte. Una vez más, cabe felicitar el consenso de los grupos para dar mayor énfasis a lo aprobado en la primera resolución al respecto, de 1 de febrero pasado, en que se instaba al  Consejo a establecer medidas de actuación urgentes para sostener esta moratoria universal contra la pena de muerte.

Es una buena noticia que esta semana el Consejo haya manifestado la intención de impulsar y sostener el esfuerzo que pedimos todos los grupos de esta cámara. Cabe reconocer por tanto también el impacto que han tenido los trabajos del Congreso mundial contra la pena de muerte, celebrado en París entre los días 1 a 3 de febrero de este ano. La búsqueda de complicidades en el mundo es muy importante y por ello, una vez más, más que un tono aleccionador debemos utilizar la empatía.