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"Contradictorio y exuberante", article de Felipe González (El País, 24.04.2007) Era una personalidad contradictoria y exuberante. Me lo encontré en Nueva York en la celebración del 50º aniversario de Naciones Unidas, y recuerdo que se puso en mitad de la calle y paró el tráfico en las dos direcciones, con cientos de policías intentando pararlo. Era imprevisible. Después de humillar a Gorbachov ya no le tuvo ninguna consideración, aun siendo el autor de la perestroika (reestructuración) y de la glásnost (transparencia). En sus relaciones con el resto del mundo incluía la condición de que no se atendiera a Gorbachov, que vivía una situación de aislamiento. Perdió incluso la dacha. Y quizás hay un dato significativo: el rey de España, de acuerdo conmigo, rompe este aislamiento cuando le invita a la Expo de Sevilla en 1992. Nadie se atrevía a invitarle para no molestar a Yeltsin. Tuvo la oportunidad de liquidar el Partido Comunista y lo hizo. De quitarle el poder a Gorbachov y también lo hizo. Se quedó con todo el poder encabezando la rebelión de las repúblicas contra el poder central y liquidó así la URSS. No fue un gestor. No supo qué hacer con la economía. Dejó amplio margen a la nueva oligarquía. Un desastre económico sin paliativos. FONT: El País |